Ayer noche el hotel parecía un gallinero. Hordas de prostitutas de todas las complexiones posibles desfilaban tras la diplomática indiferencia del recepcionista mientras varones en plena crisis de los cincuenta escaneaban la mercancía y seleccionaban en silencio los cuerpos sobre los que más tarde proyectarían sus frustraciones. Luego vino el ruido. Puertas golpeando, carreras en los pasillos y chillidos indescifrables sugerían que una celebración del pecado estaba sucediendo a apenas tres muros de mi habitación. Después se hizo la calma.
Hoy he conseguido contactar con Vinicius y muy amablemente se ha ofrecido a recogerme en su auto. Dejo el equipaje en su casa y me comunica que el plan es reunirnos con unos amigos, conducir unas dos horas hasta Chapada dos Guimaraes y bañarnos en una cascada. Excelente. Pasamos el día fumando flores, conversando y absorbiendo la magia del lugar.
La mística de la Chapada narra que existe un flujo electromagnético que, al pasar por esta región, posibilita a las personas iniciadas un mayor contacto con los elementos y con seres de otras dimensiones. Según las profecías de Dom Bosco el alineamiento de este lugar con otros accidentes geográficos como la cordillera de los Andes o el lago Titicaca, favorecería el surgimiento aquí de la civilización perfecta. Sea como fuere, lo más impresionante de este peculiar lugar en el centro de latinoamérica es el color del cielo y la física algodonosa de las nubes cuando son bañadas el sol. A continuación un par de muestras de ello:
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| Matices de azul, morado y púrpura |
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| Lluvia gris en la distancia |
A continuación otra serie de fotografías tomadas entorno a las 7 de la tarde, cuando el sol desciende para esconderse tras un horizonte matemáticamente plano, tiñendo las nubes de oro, plata y azul marino:
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| Embobado me quedé al contemplar este espectáculo de color desde la ventanilla del coche de Vinicius |
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| Esta es mi favorita |
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| Más luz y color en Cuiabá |
La energía sigue fluyendo y el camino se construye paso a paso. De una forma u otra al final todos los elementos acaban encajando como las piezas de un rompecabezas que, a pesar de haber dormido durante años en un polvoriento trastero, mantiene sus encajes en perfecta condición.